Vampiresas electrónicas y Don juanes online en Internet

Los estafadores del amor ¿Qué es el vampirismo electrónico? ¿qué síntomas delatan a un Don Juan online? El caso de Rodrigo Nogueira en Galicia o Albert Cavallé en Cataluña apuntan un auge de los fraudes amorosos vía online

Nunca en la Historia hemos estado tan conectados ni tan solos. En España, la edad media en el momento de casarse ha pasado de los 24 a los 33 años (para las mujeres) y de 27 a 35 en el caso de los hombres. Llegamos más tarde a la vida en pareja y tenemos menos tiempo para buscar. Los motivos de este cambio son muchos y diversos: ha cambiado la estructura social, el acceso al mercado laboral y el concepto de familia, todo en un país, España, en el que la tasa de divorcio ya es del 53% y en el que Internet ya se ha consolidado como plataforma para la búsqueda de la media naranja.

Las webs y aplicaciones de citas viven su época dorada. Cada vez más usuarios acuden a ellas para encontrar a su media naranja. Badoo, Tinder o Meetic son sólo tres ejemplos de plataformas de gran popularidad. Sin embargo, al igual que en cualquier otro entorno digital, hay que caminar con cuidado, ya que entre todos los usuarios de buena fe, aguardan algunos que buscan aprovecharse de las circunstancias. Son pocos pero muy letales en el amor.

Estos “cazadores” eligen perfiles especialmente vulnerables para desplegar sus engaños. Mujeres de mediana edad, con poca experiencia en relaciones anteriores y dispuestas a encontrar una pareja estable. Buscan sus puntos débiles y los explotan. Se trata generalmente de hombres con pocos escrúpulos pero buenas dotes sociales, capaces de ser encantadores para seducir a sus víctimas y, mediante mentiras más o menos elaboradas, cometer estafas que van desde sustracciones de pequeñas cantidades de dinero, hasta complejos planes para falsificar herencias. En muchas ocasiones, las víctimas, por vergüenza al descubrir la verdad, no presentan denuncia ni acuden a la policía. Por eso es importante que estos casos salgan a la luz.

Uno de los episodios más recientes y mediáticos es el de Rodrigo Nogueira. Este pontevedrés fue capaz, durante más de 20 años, de enamorar y estafar a al menos 65 mujeres en diferentes ciudades españolas. Establecía contacto con sus víctimas sobre todo por redes sociales y adoptaba diferentes nombres y personalidades con dos fines: embaucarlas y evitar ser rastreado por víctimas anteriores. Su forma de operar, una vez realizado el primer contacto virtual, era similar en la mayor parte de los casos. Con talento para la escritura, inventaba una vida interesante y con pocos lazos familiares, y se dedicaba a ganarse la confianza de la mujer “seducida”. Al poco tiempo, y después de intercambiar fotos y número de teléfono, proponía el encuentro en persona. A partir de ahí, mentiras constantes con las que ir consiguiendo estafar cantidades de dinero u objetos de valor, como ordenadores, hasta el momento en el que consideraba necesario desaparecer antes de ver caer sus coartadas. El proceso podía durar semanas o varios años.

Otro caso destapado recientemente es el de Albert Cavallé, barcelonés, y con 17 víctimas (de momento) en su haber. También elegía las redes sociales como forma de contactar con mujeres y, después de seducirlas, comenzaba a tejer su red de engaños. Dinero en metálico, joyas o tarjetas de crédito eran sustraídos para financiar estancias en hoteles de lujo, alcohol, drogas o encuentros con prostitutas. Por fortuna, fue detenido y se encuentra a la espera de juicio.

La mejor forma de evitar que sujetos de este tipo puedan llegar a estafarte es ser precavidos a la hora de buscar pareja online y seguir algunas pautas de comprobación cuando contactamos con personas nuevas en entornos digitales. Algunos de estos consejos son  comprobar cotejar su perfil en otras redes sociales para comprobar si se trata de un usuario rea; mantenerse en alerta ante peticiones fuera de lugar. Se trata de realizar pequeñas comprobaciones y detectar potenciales incoherencias: si dice que es un arquitecto preguntarle a cerca de sus últimos proyectos. Controlar los tiempos: ser prudente con usuarios que planteen cuestiones muy íntimas demasiado pronto. No facilitar información personal que pudiera comprometerse; jamás aceptar el envío de dinero o asumir gastos. En caso de duda reportar al usuario y bloquearle.