Prolifera el mercado de las conductas académicamente fraudulentas

Fábricas de diplomas en Internet, artilugios tecnológicos destinados a copiar en clase, pinganillos con control remoto o fábricas de trabajos académicos proliferan en el mercado académico afirma Francisco Canals, periodista y autor del reportaje

La picaresca en las aulas prolifera de la mano de los avances tecnológicos, el uso generalizado de Internet, el bluetooth, las app o los Smartphones facilita la proliferación de las conductas académicas deshonestas. Se trata de un fenómeno creciente que causa preocupación en escuelas, universidades y protagonistas del escenario educativo, estas prácticas, son, además, difíciles de detectar debido al anonimato preponderante en Internet y a la discrección con la que se llevan a cabo en todo el territorio. Estos “nuevos alumnos” visten guante virtual y van provistos de una tecnología propia de su entorno y época. Su creciente dominio les anima a aprovechar la “ventaja estratégica” respecto a profesores; smartphones, apps, bluetooths, la Wikipedia o Internet conforman su peculiar arsenal.

En la red proliferan las fábricas de trabajos académicos sitios web donde es posible comprar una tesina, proyecto o trabajo de final de carrera. La redacción corre a cargo de profesionales quienes garantizan la máxima discreción. Redactan el contenido llegando incluso a introducir expresiones típicas del país del cliente. Se trata de “estar a la altura” y silenciar posibles sospechas de los profesores en el momento de la esperada presentación. Las fábricas de diplomas constituyen otro preocupante fraude, estos sitios web venden titulaciones universitarias por precios que no superan los 400 euros. Venden títulos a la carta de abogado, ingeniero, arquitecto, ingeniero o cualquier otra disciplina como si de un supermercado se tratara. Su propagación en los últimos años pone de manifiesto la existencia de un mercado subterráneo de falsos titulados en nuestro país.

Aunque copiar no es lo mismo que espiar –afirma Canals- lo cierto es que en algunas aulas se viven auténticos ambientes de espionaje, estos fraudes son, además de académicos, estacionales, ya que se intensifican durante los meses de febrero, septiembre y junio, épocas que coinciden con exámenes o pruebas de acceso a diferentes escuelas, centros o instituciones académicas. En nuestro país existen empresas dedicadas a proveer de gadgets o artilugios a los alumnos, en sus catálogos se encuentran artilugios que parecen sacados de películas de James Bond; chuletas electrónicas, pinganillos y sistemas de transmisión de voz, intercomunicadores ocultos, tintas invisibles utilizadas para redactar textos en folios aparentemente en blanco, prendas, faldas y camisas con doble fondo, gafas con reflectores ocultos en sus lentes.. Relojes digitales de pulsera en los que se pueden introducir todo tipo de textos, datos y contenidos… Se estima que existen unas 30 empresas o proveedores de este tipo que operan en España y que han encontrado en el colectivo estudiantil a uno de los segmentos con mayor demanda. En épocas sensibles llegan a aumentar un 200% sus ventas.

Francisco Canals alude a factores culturales que explican el fenómeno; mientras que en Francia o el Reino Unido copiar constituye un auténtico daño al honor, en España la cultura de la picaresca académica es mucho más permisiva, ser “pillado” copiando parece no pasar de perder la convocatoria y ser expulsado 24h del aula en una práctica que parece incluso despertar la simpatía del resto de alumnos. En China copiar en un aula puede suponer la expulsión indefinida de la universidad y en el Reino Unido supone sufrir un castigo más ejemplar como cursar baja del centro durante varios meses o un trimestre entero.