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Los magnicidios y asesinatos de marcas públicas

Juan Prim (1870), António Cánovas (1897), José Canalejas (1912), Eduardo Dato (1921) o Carrero Blanco (1973) tiñen la historia de los magnicidios españoles

Los magnicidios son asesinatos de personas públicas y relevantes. La historia se ha llenado de intentos de asesinato de políticos, presidentes y todo tipo de caras conocidas. Su particularidad es la naturaleza pública de la víctima la cual se convierte en el principal atractivo para el criminal. Algunos magnicidios tienen motivaciones políticas, mientras que otros intentan terminar con la vida de un famoso para poder obtener un protagonismo delictivo derivado de la relevancia de la víctima.

Abraham Lincoln, Mahatma Gandhi, John F. Kennedy, José Canalejas, Isabel de Baviera, Olof Palme o Martin Luther King son solo algunos ejemplos de asesinatos que cambiaron el rumbo de la historia. Para quien crea que los magnicidios son una cosa del pasado se equivoca, recientemente era detenido Manuel Murillo, un hombre de Terrassa, quien presuntamente planificaba la muerte del presidente Pedro Sánchez. En su casa se encontraron numerosas armas, un subfusil Skorpion además de distintos rifles de precisión. Por si fuera poco el 14 de julio era arrestado un joven en Francia quien planificaba sesgar la vida del presidente Macrón durante el desfile militar en los Campos Elíseos.

Los magnicidios se caracterizan por tener una gran repercusión mediática. Algunos surgen del entorno directo del poder y a menudo vienen cargados de intensas intrigas palaciegas. En muchos casos son crímenes sin resolver y sujetos a todo tipo de teorías conspiroparanoicas convirtiéndose en míticos casos de la crónica negra y la investigación global. El abordaje de la peligrosidad que un famoso tiene se ha convertido en uno de los principales retos para los servicios de seguridad quienes deben evaluar continuamente las posibilidades de ser atacado que sufre su protegido.

El mundo artístico tampoco está exento de magnicidios, el asesinato de John Lennon conmocionaba a sus fans, era el 8 de diciembre de 1980 cuando perdía la vida víctima de 5 disparos. En España ETA pensaba matar al Rey Juan de Borbón y posteriormente a José María Aznar, era el año 1995 cuando la banda armada colocó un coche bomba que estalló junto al vehículo del entonces jefe de la oposición.

La comprensión del fenómeno criminal es uno de los grandes retos de los magnicidios. Terminar con la vida de un famoso puede convertirse en un reto para muchos criminales deseosos de potenciar su prestigio delictivo. En los magnicidios convergen desde motivaciones políticas hasta psicopatológicas en el caso de delincuentes obsesionados por rostros conocidos sobre quienes proyectan características que conectan con sus patologías. Son crímenes bastante profesionales en los que el agresor aprovecha las vulnerabilidades que todo famoso o político tiene bajo su condición de personaje expuesto a las masas.  Existe una alta conciencia del acto criminal además de un largo proceso de preparación a sabiendas que la potencial víctima goza de una seguridad superior al resto de los mortales. A menudo son crímenes exentos de sentimientos de culpa en los que existe una alta conciencia criminal además de lucidez y autonomía delictiva.