Desapariciones transfronterizas

El aumento de españoles residentes en el extranjero dispara los casos de desapariciones intracomunitarias. Nathaly Salazar en Perú, Hodei Eguiluz en Amberes o Hugo Ferrara en Brasil se convierten en los iconos de la dificultad para localizar a españoles en otros países

La globalización y el aumento de la movilidad han disparado la casuística de desapariciones transfronterizas, todo en un país, España, que ya tiene un total de 2.406.611 residentes en el extranjero según los datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero del INE, una cifra que crece a un ritmo de un 4,4% anual.

Nathaly Salazar, joven española de 28 años desaparecía el pasado 2 de enero mientras realizaba senderismo en Cuzco (Perú), la  mediación de la Embajada Española en el país andino y la presión de su familia para conseguir nuevas pistas han puesto en la palestra pública en este caso. La historia reciente se ha llenado de estos casos: el ingeniero vasco Hodei Eguiluz desaparecía en Amberes en circunstancias misteriosas. Su familia desplegó múltiples campañas de difusión además de desplazamientos hasta el país vecino. La policía belga buscó sin aparente éxito su cuerpo hasta que 3 años después fue localizado sin vida en el Río Escalda.

Otro español, Hugo Ferrara, desaparecía en Brasil en diciembre de 2015. Su familia llegó a ofrecer una recompensa de 5.000 dólares a cualquier persona que ofreciera pistas sobre su paradero para de esta manera vencer las dificultades de una investigación que parecía encallada. Su cadáver era hallado cinco meses después en el Parque Natural Chapada cuando un guía local logró encontrar restos de sus pertenencias personales.

Las labores de búsqueda de un desaparecido competen al país donde se ha producido el suceso, afirma Francisco Canals, periodista especializado en sucesos. La inoperancia policial de algunos países y los muros idiomáticos suelen desesperar a las familias quienes como en el caso de Nathaly Salazar deciden desplazarse hasta el país del suceso para presionar a las autoridades locales. Las embajadas son las “otras protagonistas” de este complejo escenario, disponen de un plan de asistencia consular, intermedian ante las autoridades locales y ofrecen, (no exentos de críticas) apoyo a los familiares.

Las nuevas tecnologías han irrumpido en este escenario, Facebook ya dispone de un servicio gratuito de búsqueda de personas desaparecidas que permite que un usuario se identifique como “sano y salvo” y sea localizado a partir de información proporcionada por personas del entorno. Apps y geolocalización de móviles se cruzan con redes sociales aportando detalles del familiar a quien se ha perdido el rastro, todo en un mundo cada vez más globalizado.