Delincuentes década de los 80

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La heroína, el tráfico de drogas y los elevados índices de paro multiplicaron la delincuencia juvenil. El Mini, el Jaro, el Vaquilla o el Torete se consolidaron como iconos de esta época afirma Francisco Canals, periodista especializado en sucesos.

El camino hacia la democracia y la transición vivía su particular amenaza con la generación de los quinquis: drogas, desempleo y corrupción policial eran el común denominador de una hornada de delincuentes menores de 18 años. Era la década de los 70 y 80, crecí­an los grandes barrios periféricos como medio para absorber el chabolismo. El resultado fue nuevos barrios pero mal comunicados y con problemas sociales que sirvieron de caldo de cultivo para la aparición de una intensa hornada de delincuentes de perfil adolescente.

La generación del quinquismo estuvo marcada por el consumo de heroína, la corrupción policial y los hurtos callejeros. Las cifras de robos de vehículos aumentaron de forma espectacular. En ciudades como Madrid o Barcelona se llegaban a atracar 3 joyerías al día mientras que algunos quinquis acumulaban antecedentes por el robo de más de 300 vehículos. Centenares de jóvenes morí­an por sobredosis mientras que otros cumplí­an condenas en cárceles para adultos con apenas 14 años debido a la falta de centros correccionales.

El auge de este tipo de delincuentes dio lugar a una serie de personajes de gran popularidad El Vaquilla, (Juan José Moreno Cuenca) comienza su carrera delictiva a los 9 años de edad y pasó 28 de sus 42 años en prisión. No fue el único: José Joaquín Sánchez El Rajo; El Pirri; el Gasolina; el Melones o el Torete entre otros. La prensa publicaba noticias de sus atracos convirtiéndolos en iconos de la época afirma el periodista Francisco Canals. No tardaron en llegar las primeras ofertas para el cine: se llegaron a rodar 30 películas transgresoras de cine quinqui con gran éxito de taquilla como Perros Callejeros o Navajeros. Sus actores eran personajes reales; alguno de ellos se drogaba durante el rodaje, otros no se presentaban al sufrir nuevas detenciones policiales.

El Pera, era el apodo de Juan Carlos Delgado, quien con menos de 10 años ya robaba coches. El Pirri, fue uno de los quinquis más conocidos por su consumo de heroí­na y tenía 14 años cuando empieza a adentrarse en la delincuencia callejera. El Boticario estaba especializado en robos a farmacias o el Pulga quien se caracterizaba por ser muy bajito muestran a una generación en la que el quinquismo era un ecosistema a medida para jóvenes excluidos del sistema educativo y laboral.