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La sentencia y el cerebro de Patrick Nogueira

Pocos sucesos han conmovido tanto a la sociedad española en las dos últimas décadas como el crimen de Pioz. La historia, tal y como se conoció en los medios, comenzó con un macabro hallazgo. Los cadáveres desmembrados y en avanzado estado de descomposición de una familia (padre, madre y dos hijos de uno y cuatro años) en su vivienda en Pioz, un pequeño municipio al sur de Guadalajara. Tras varias semanas de investigación, la Guardia Civil, logró dar con el presunto culpable. Se trataba de Patrick Nogueira, sobrino del hombre asesinado, y que había huido a Brasil, su país de origen, después de cometer el crimen. Gracias a la colaboración internacional, Patrick Nogueira fue extraditado a España y, desde la semana pasada, se enfrenta a un juicio en el que la fiscalía y la acusación particular han solicitado para él la prisión permanente revisable.

Los primeros días del juicio han servido para perfilar las posiciones de la acusación y de la defensa. Los hechos, confesados por el propio acusado y corroborados por las pruebas, dejan poco lugar a la duda. El acusado asesinó a sangre fría a sus tíos y a sus primos, los descuartizó y metió los cadáveres en bolsas que luego selló con cinta americana. Mientras tanto, a través de Whatsapp, le contaba todo lo que iba haciendo a un amigo suyo. Ante la crudeza del relato, la estrategia de la defensa se va a centrar en intentar probar que el acusado sufre un daño cerebral que predetermina su conducta. Según su abogada, Patrick no sería responsable último de sus actos. Sin embargo, el grupo de psicólogos forenses que lo examinó, determinó que el acusado “no presenta patología psiquiátrica que pueda modificar o anular su capacidad de conocer o querer”. Es decir, que no se le podría aplicar el atenuante por trastorno mental como solicita la defensa.

Esta estrategia es habitual en este tipo de juicios, ya que, ante los hechos probados, al abogado defensor le quedan pocos recursos para lograr una reducción en la condena del acusado. El trastorno mental es, en ocasiones, difícil de probar y genera polémicas mediáticas. Uno de los trastornos que más presencia ha tenido en las página de sucesos es el de la psicopatía. Aunque no está considerada como una enfermedad mental, sí se considera como un deterioro o desviación psicológicos. Básicamente, se trata de individuos buscan su propia satisfacción sin tener en cuenta los daños sobre terceros o los peligros que puedan generar, con una absoluta falta de empatía. La ciencia ya ha investigado acerca de este tipo de patrones psicológicos y ha encontrado que los psicópatas poseen rasgos cerebrales particulares, como que las áreas del cerebro encargadas de evaluar las emociones de las expresiones faciales tienen menos actividad eléctrica, o un aumento en la cantidad de materia gris en zonas ligadas al deseo y la recompensa. Asesinos como Charles Manson entrarían en esta categoría de trastorno mental, aunque en su caso, de poco le valió en el juicio (fue condenado a cadena perpetua y murió en la cárcel después de casi 50 años encerrado).

Pero la psicopatía no es el único trastorno mental que ha generado debate por considerarse responsable de un crimen. El 1 de abril de 1984, la leyenda del soul Marvin Gaye, fallecía a consecuencia de dos disparos que su padre ejecutó contra él después de una discusión. Durante el juicio, la defensa arguyó que el padre del cantante tenía un tumor benigno del tamaño de una nuez en su glándula pituitaria, lo que podría haber alterado la toma de decisiones del asesino en el momento de disparar a su hijo. También en este caso, el juez desestimó este recurso.

Otro caso célebre en el que el acusado sufre una enfermedad mental es el del crimen de Andorra. El serbio Norbert Feher, que en 2017 asesinó a dos guardias civiles y a un ganadero en la localidad aragonesa, sufre un trastorno bipolar y delirios mesiánicos.

En cambio, la ciencia matiza muy mucho la relación entre enfermedad mental y criminalidad. Estudios realizados en EEUU y publicados en “Law and Human Behaviour” concluían que, de los 429 delitos cometidos por personas con trastornos mentales graves que se habían estudiado, sólo el 7,5% estaban relacionados de forma directa los síntomas de la propia enfermedad.